Tips para mejorar la comunicación con tu pareja

A veces nos sentimos frustrados por no poder expresar lo que sentimos a nuestra pareja, porque tenemos dificultad en decirle lo que pensamos o simplemente porque comenzamos a dialogar pero terminamos peleando, y al final… obtenemos lo contrario a lo que deseamos.

El diálogo implica intimidad, un intercambio recíproco del placer de sentirse en contacto con el otro. Para dialogar efectivamente con nuestra pareja, necesitamos conocer cuáles son las formas de expresión correctas e incorrectas, de este modo podemos expresar lo que pensamos (o sentimos) y así solucionar o prevenir los conflictos. Si no utilizamos formas correctas de comunicación, vamos a potenciar el malestar y alejarnos cada vez más de la persona que queremos.

Para una efectiva comunicación, se aconsejan tener en cuenta los siguientes ítems:

Puntualizar: Puntualizar las situaciones. Puede ser que el otro tenga razón pero el modo en que lo manifiesta nos irrita, por eso es necesario cuando dialogamos, funcionar según el sentido común y dejar de lado las emociones.

Si no puntualizamos el diálogo fracasa ya que no podemos expresar lo que consideramos importante.

Recriminar: La culpa es del otro. El acto de recriminar, somete a la pareja a puntualizar las culpas, lo que tiende a producir en el acusado reacciones emotivas de rebeldía.

El sentirse cuestionado y condenado lleva a que actuemos por emoción y no por lógica; apareciendo así rechazo y rabia. Esta reacción emocional anula la culpa y hace que surja el deseo de escapar de la situación o de atacar al otro para defendernos. Cada vez que recriminamos, el resultado no será la aceptación de nuestras razones sino la reacción de rechazo emocional que puede llevar a un frío distanciamiento o bien, al enfrentamiento.

Echar en cara: induce a exacerbar en vez de reducir aquello que se pretende corregir.  Puede aparecer cuando nos sentimos sometidos a la estrategia de victimismo por parte de una persona querida, que nos acusa de haberle hecho sufrir con nuestras acciones y de haber experimentado sentimientos de culpa y de rabia. Esto genera un círculo vicioso.

Sermonear: Proponer aquello que es justo o injusto a nivel moral y sobre esta base examinar y criticar el comportamiento ajeno.

«Te lo dije»: Consigue evocar de inmediato en la otra persona la sensación de provocación, irritación y descalificación. Esto genera rabia y nos lleva a un posible enfrentamiento.

«Lo hago sólo por vos»: Muestra un sacrificio unidireccional por parte de uno de los miembros. Esto nos hace sentir en deuda con el otro y, por lo tanto, a sentirnos inferior ya que necesitaríamos de ese generoso acto. Ese acto se vuelve egoísta.

«Deja, lo hago yo»: En apariencia, parecen actos gentiles para salvar al otro de su torpeza, pero en realidad, el que padece la gentileza la vive como un acto de descalificación de sus propias capacidades ya que el significado sería “déjame ser a mí porque tú no eres capaz”. Una ayuda no requerida no sólo no ayuda sino que perjudica.

Reprobar: La reprobación no es una crítica directa, no es una contestación, no es poner en duda la capacidad del otro. Es una secuencia representada por una primera parte, en la cual se felicita al otro, y por una segunda parte, en la cual se afirma que, sin embargo… se pudo haber hecho mejor, más, o bien, que aquello no fue suficiente.

Para emplear formas efectivas en el diálogo, necesitamos:

Demostrar correctamente la equivocación: Para mejorar el diálogo se aconseja que la otra persona intervenga de inmediato en caso de que yo fuera en la dirección equivocada, haciéndomelo ver. Y viceversa.

Pedir confirmación antes que sentencia: Preguntar sobre lo que quizo decirnos la otra persona y no dar por hecho su pensamiento.

Se pueden utilizar parafrases, por ejemplo: “corregime si me equivoco, por todo lo que me dijiste, parece que…” de esta manera no sólo verifico la dirección de mi proceder sino que creo un acuerdo sobre lo que estamos construyendo.

Evocar antes que explicar: Se puede emplear los siguientes tipos de sentencia:

Sentencia racional: «cuando sin darte cuenta, haces algo equivocado respecto a mí, eso me provoca rabia y rechazo».

Sentencia evocativa: «cuando sin darte cuenta me lastimas, siento un gran dolor y me dan ganas de reaccionar intentando herirte también».

El significado de las afirmaciones es exactamente el mismo, pero el efecto realmente es diferente. La primera indica y describe, la segunda describe y hace sentir. Una parte se juega en el nivel de la relación y de la comprensión mientras que la otra se juega en el nivel de la sensación y de las emociones. 

Sentencia evocativa adversa: «cuando me retas porque miro a los demás… haces que tenga aún más ganas de hacerlo».

Sentencia educativa exaltante: «cuando me miras así y me sonreís… me enamoro más de vos y me reconforta saber que estás».

En el primer caso de la sensación evocada será el temor a insistir en el propio repertorio de acusaciones ya que esto incrementará en vez de reducir el comportamiento no deseado por la pareja. En el segundo, se transmite una sensación gratificante de aprecio y se induce en la pareja la tendencia a incrementar la actitud que lo exalta.

Actuar antes de pensar: Para obtener un cambio real es indispensable no sólo entender sino también ser capaz de actuar de modo diferente. Tenemos que orientarnos hacia la acción.

Cuando hemos establecido un acuerdo pero no pasa al plano de la acción, aparece el problema ya que su posibilidad de llevarse a cabo es casi nula.

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Publicado por Lorena Sánchez

Lic. en Psicología. Especialista en Psicoterapia Cognitiva Conductual.

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