Cuerpo y emoción: una relación íntima

Las emociones ejercen una influencia en el cuerpo, en particular influyen en nuestro aspecto, a través de diferentes maneras por ejemplo en el modo de vestir o la imagen que transmitimos a los demás. El modo como uno se viste dependerá del humor y, a veces de la imagen que quiera dar, entonces según como nos encontremos nuestro atuendo será elegante, seguro, informal, etc.
Con respecto a la imagen, es fácil percibir los hombros caídos, la mirada baja y los pies hacia dentro de alguien tímido o bien, la cabeza alta, la mirada penetrante y el torso erguido de alguien que está contento consigo mismo.

Asimismo y a la inversa, nuestra apariencia también influirá sobre nuestras emociones. Esto se debe al impacto que nos genera nuestro físico en relación a la imagen que tenemos de nosotros mismos y a la imagen que los demás tienen de nosotros. Nos juzgamos y somos juzgados en función a nuestro aspecto. Esa mirada y ese juicio nos provocan emociones positivas o negativas. Así es que el modo de percibirnos a nosotros mismos ya sea gordo o delgado, fuerte o frágil, pesado o ágil, varía de una persona a otra y no sólo se vincula a los criterios de peso, estatura, volumen, masa grasa, ósea o muscular. En este punto, los factores emocionales son decisivos.

La imagen que uno tiene de sí mismo también difiere dependiendo de la edad. En el adulto no influyen tando las modificaciones progresivas del desarrollo como sí ocurren en el niño o en el adolescente. Esto se debe no sólo por la maduración cognitiva del adulto sino también por los mínimos cambios biológicos que atraviesa en comparación a los cambios que ocurren en las otras etapas del desarrollo. Aquí la imagen del cuerpo influye significativamente en las emociones, pensamientos y acciones de los más jóvenes y suele influir constantemente porque los cambios suelen ser más notorios que en el adulto.

Las emociones actúan también sobre la estatura y el peso, estos no sólo dependen de los genes y de la alimentación. Si un niño/a pequeño/a tiene una vivencia en la que los demás no se ocupan de él/ella y pasa desapercibido/a, es probable que sea víctima de un crecimiento insuficiente. En relación al peso, con frecuencia «los kilos de más» constituyen una fuente de malestar y de frustración, lo que puede generar sobrepeso emocional, que acabará sumándose a los kilos ocasionados por los excesos calóricos. El sobrepeso emocional se ubicará en diferentes lugares del cuerpo dependiendo de la fisiología, pero también del significado simbólico que le demos; influyendo así en la percepción que tenemos de nosotros mismos.

Naturalmente, en nuestro cerebro existe una representación de nuestro cuerpo que no sólo evoluciona en función de los cambios corporales que se van produciendo a lo largo de nuestra existencia, sino que dependen también de los acontecimientos que emocionalmente nos afectan. Por lo tanto los factores emocionales, físicos y del entorno están continuamente influyendo en la percepción que tenemos de nosotros mismos.

Publicado por Lorena Sánchez

Lic. en Psicología. Especialista en Psicoterapia Cognitiva Conductual.

Deja un comentario