Comemos cuando tenemos hambre, pero ¿quién no ha comido cuando estuvo aburrido, preocupado, nervioso, ansioso o triste? Muchas veces optamos por recurrir a la comida como consuelo, como compañía, como un modo de callar o «tragar» una preocupación, un problema o para ayudarnos a enfrentar una crisis. Enfrentar situaciones que nos generan incertidumbre, preocupación y emociones perturbadoras como ansiedad, angustia, tensiones, etc. (ya sea por algún motivo personal o por una situación particular de alguien a quien apreciamos), nos produce estrés y podemos caer en la desregulación emocional, dónde la única solución o anestesia es comer (obteniendo un nuevo problema). No regular nuestras emociones puede generar conflicto en lo neurobiológico, en lo vincular y en lo interpersonal.
Por lo general, en los trastornos alimentarios hay conflictos nucleares que subyacen y que tienen que ver con la historia personal, con la identidad, con la subjetividad y con la intersubjetividad. Quien lo padece cree que no puede manejar la situación porque siente que no tiene los recursos necesarios para ello. Eso que no puede controlar a nivel interno lo controla a nivel externo, en lugar de solucionar el problema lo incrementa aún más porque se pone en una situación de riesgo para su salud.
Entonces… ¿cuándo recurrir a la comida?, ¿cómo controlamos nuestras emociones?, ¿con qué aliviar el malestar?, ¿cuándo me doy cuenta de que me invade una emoción negativa?, ¿puedo manejar esa emoción?, ¿por qué es necesario identificarla/s?, ¿qué hacer con eso?.
Para expresar adecuadamente las emociones hay que:
1º. Darse cuenta de ¿qué estoy sintiendo?.
Para eso tengo que detenerme y observarme a mí mismo. ¿Qué me pasa?, ¿qué siento?, ¿qué me digo?
2º. Dar las razones, ¿por qué siento eso? y los antecedentes de esa emoción, ¿qué pasó que me hizo sentir eso?
Preguntarme ¿por qué me siento así? Me siento así porque…, ¿qué ha ocurrido antes de estar así?, ¿qué hice otras veces cuando sentí esto?, ¿qué dije?, ¿qué dijo o hizo la otra/s persona/s?
3º. Expresar esa emoción y/o sentimiento con expresión verbal adecuada y un lenguaje corporal oportuno. Esto supone:
- buscar el lugar adecuado.
- describir breve y claramente cómo me siento.
- dar las razones y causas de ese sentimiento.
- agradecer a la otra persona por escucharme.
Recordar que el objetivo no es solucionar el problema sino poder expresar lo que interpreto de determinada situación. Tampoco es buscar responsables ni culpabilizarnos por haber hecho (o no hecho) algo en particular.
4º. Buscar modos para atender e intensificar la emoción (cuando esta es agradable) y reducir o eliminar la emoción (en caso de ser desagradable). Para esto es importante trabajar sobre el autocontrol, buscar relajación y/o pedir ayuda.
Somos responsables de lo que hacemos (o no hacemos) y esto influye en nuestra calidad de vida. Las situaciones negativas van a aparecer, el secreto está en saber cómo manejarme y manejarlas.
