Cuando la mente corre más rápido que la vida.

¿Tu mente imagina mil escenarios… y ninguno es bueno? eso es ansiedad. La ansiedad es una respuesta adaptativa del sistema nervioso ante una posible amenaza. Sin embargo, cuando se activa frente a escenarios que no implican un peligro real o inminente, comienza a interferir en nuestra vida cotidiana. En muchos casos, esta activación está profundamente ligada a experiencias de inseguridad personal, baja autoconfianza o historias tempranas donde nuestras necesidades emocionales no fueron validadas. 4 Actividades diarias para combatir la Ansiedad

La inseguridad personal es una sensación persistente de no ser suficiente, capaz, atractivo o valioso. Puede manifestarse como miedo a equivocarse, necesidad de aprobación constante o dificultad para tomar decisiones. En muchos casos, se origina en experiencias tempranas como críticas constantes o falta de reconocimiento; exigencias desproporcionadas o por un apego inseguro (vínculos afectivos inestables o poco disponibles emocionalmente).

A nivel mental, la inseguridad se sostiene en creencias nucleares negativas como: «No soy capaz», «No merezco…», «No valgo por mí mismo». Estas creencias no suelen ser conscientes, pero dirigen nuestras elecciones, relaciones y reacciones emocionales y generan consecuencias que llevan a reforzar esa creencia.

La ansiedad y la inseguridad no son defectos personales. Son expresiones que la mente utiliza para protegernos, muchas veces usamos mecanismos que alguna vez fueron útiles, pero que ya no lo son. «Vergüenza e Inseguridad: Desafíos Transformados en Oportunidades de Crecimiento Personal»

¿Cómo se trabaja la autoconfianza? Autoconciencia emocional

  1. Tomar conciencia del diálogo interno: Es importante que puedas estar atento a tus pensamientos, ¿qué cosas sueles decirte? Observa y modifica el lenguaje interno para detectar y eliminar la autocrítica.
  2. Acumular pequeñas evidencias: La confianza se obtiene luego de haber actuado bien. Muchas veces, aparece después de hacer cosas en las que tuvimos miedo. Pequeños logros diarios refuerzan la creencia “sí puedo”.
  3. Soster vínculos nutritivos: Sentirnos vistos, escuchados y valorados en relaciones cercanas puede reparar heridas emocionales del pasado. La autoestima se forma en el vínculo… y también se sana en él.
  4. Pidiendo ayuda profesional si lo necesitamos: Terapias como la terapia cognitiva- conductual (TCC) por ejemplo, ayuda a trabajar inseguridades profundas y reconstruir una identidad más segura y amorosa.

La seguridad personal no es arrogancia ni perfección. Es saber que, con errores y dudas, uno sigue siendo digno de amor, respeto y confianza.

Publicado por Lorena Sánchez

Lic. en Psicología. Especialista en Psicoterapia Cognitiva Conductual.

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