Los límites son reglas o líneas imaginarias que marcamos para proteger nuestro bienestar emocional, físico y mental.
Poner límites a los demás no significa que seas una persona egoísta, sino que es una manera de cuidarte, respetarte y construir relaciones más honestas. Es una forma de decir «esto me hace bien», «no quiero esto para mí».
No se trata de rechazar al otro, sino de priorizarte con respeto, de cuidarte y también de cuidar el vínculo.
Establecer límites saludables significa comunicar de forma respetuosa y firme lo que estás dispuesto a aceptar y lo que no.
¿Por qué es importe aprender a poner límites?
Saber poner límites es clave para tu bienestar emocional. Muchas veces evitamos poner límites para no «quedar mal», pero en realidad es un acto de autocuidado. Además te permite mejorar la relación con tus vínculos.
Si no ponés límites:
- Terminás haciendo cosas que no querés.
- Te agotq́s física, mental y emocionalmente.
- Te sentís incómodo o con culpa.
- Te cuesta decir lo que necesitás.
Cuando empezás a poner límites:
- Comenzás a respetarte.
- Te sentís más tranquilo con vos.
- Las relaciones mejoran porque se vuelven más claras.
- Disminuye el resentimiento, el enojo y la culpa.
- Evitas el agotamiento emocional.
- Aumenta tu autoestima.
- Te sentís más libre y auténtico.
¿Cómo empiezo a poner límites?
- Reconocé lo que necesitás: Escuchate. ¿Qué cosas te incomodan? ¿Qué situaciones o actitudes no querés seguir permitiendo?
- Aprende a decir que NO: No siempre tenés que dar explicaciones. Un “no, gracias” o “hoy prefiero descansar” son respuestas válidas.
- Hablá claro y con respeto: No tenés que dar explicaciones eternas. Un “no, gracias” o “hoy prefiero descansar” son respuestas válidas.
- Sostené el límite: No alcanza con decirlo una vez. Necesitás mantenerlo en el tiempo, aunque incomode o no lo entiendan al principio.

